Increíble. Frase que siempre se utiliza en los deportes para describir hechos memorables. Y lo de hoy en la Caja Mágica de Madrid tiene esa etiqueta por todos lados. Novak Djokovic consiguió llegar a los seis puntos en los tres sets, sin embargo sólo pudo ganar uno. El resultado queda de lado al describir la entrega y potencia de ambos tenistas que dejaron todo en el polvo de ladrillo. Fueron cuatro horas y dos minutos de un tenis de altísima calidad no tanto por la espectacularidad (característico de Rafa) sino por la entrega y las ganas de no perder.
Antes del partido pensaba que "Nole" tendría que haber aprendido a jugar contra Rafa ya que habían disputado dos finales de masters 1000 (Montecarlo y Roma). El primer set mostró a al serbio muy concentrado y jugando casi a 10 puntos, como se tiene que jugar frente a Nadal para poder hacerle pelea. Nadie en el estadio, excepto Nadal, pensaba que el español podía salir de esa nebulosa. Y una vez más lo logró. El empuje del público fue fundamental para que "el matador" luche y consiga su pase a la final.
Las lágrimas de Djokovic eran un reflejo de lo que todos piensan, ¿será posible que alguien le gane un partido? El serbio jugó como tenía que hacerlo para ganar y recuperar su posición de número tres del mundo pero no alcanzó. Hace un año la situación era similar, Nadal tenía que ganarle a Djokovic para seguir como número dos del mundo y se lo llevó por encima.
No jugará técnicamente bien, puede cometer muchos errores, pero la entrega y la mentalidad que tiene Rafa Nadal alcanza para llevarse por encima a todos. Jugando mal, jugando bien, lo importantes es ganar. Ahora se viene la final, una oportunidad más para disfrutar del mejor tenis del mundo.


